Deep Purple demuestra que la edad es solo un número en los Jardines de Viveros
La banda británica ofreció un concierto sobresaliente dentro de los Conciertos de Viveros, con un recital de casi dos horas que combinó músculo instrumental, complicidad entre sus músicos y un guiño muy especial a la ciudad de Valencia
Los Jardines de Viveros de València acogieron el pasado martes uno de los conciertos más esperados de su programación estival: Deep Purple, una de las bandas fundacionales del rock duro, presentó su gira Mad in Europe ante un público entregado desde el primer acorde. Las elevadas temperaturas registradas durante la tarde obligaron a retrasar ligeramente el inicio del show, tras la actuación de los teloneros King Sapo, pero en cuanto se apagaron las luces quedó claro que la espera había merecido la pena.
El recital arrancó con la introducción orquestal de «Mars, the Bringer of War», de Gustav Holst, un preámbulo que sirvió para elevar la tensión antes de que la banda se lanzara sin red a por «Highway Star». Desde ese instante, el concierto no dio tregua: temas como «Hard Lovin’ Man», «Into the Fire» o «Lazy» confirmaron que, más de cinco décadas después de su formación, Deep Purple conserva intacta la energía que la convirtió en una referencia ineludible del género.
Más allá del repaso a su catálogo, lo que distinguió la noche fue la complicidad instrumental sobre el escenario. Guitarra y teclado protagonizaron un diálogo constante a lo largo de todo el concierto, respondiéndose el uno al otro como si mantuvieran una conversación particular en mitad de cada tema, mientras la sección rítmica —batería, bajo y voz— sostenía con solidez una propuesta de rock duro sin fisuras. Ese equilibrio entre la exhibición técnica y la cohesión de conjunto es, probablemente, la razón por la que la banda sigue llenando recintos como el de Viveros.
El momento más celebrado de la noche llegó, sin embargo, por sorpresa. Durante el tradicional solo de teclado, sonaron los primeros compases de «Valencia», el célebre pasodoble de José Padilla, en un guiño inesperado a la ciudad que acogía el concierto. El público, entregado, respondió con una gran ovación ante un detalle que pocos esperaban encontrar en mitad de un concierto de rock. La traca final llegó con «Rapture of the Deep», «Space Truckin’» y, cómo no, la atronadora «Smoke on the Water», uno de los riffs más icónicos de la historia del rock, coreado de principio a fin por todo el recinto. Los bises, con «Hush» y «Black Night», pusieron el broche final a una noche redonda.
Pese al calor que hizo, el concierto se disfrutó de principio a fin, y el público de los Jardines de Viveros pudo comprobar en directo por qué Deep Purple sigue considerada una de las grandes leyendas vivas del rock internacional.


















































